Eladio Cabañero López (Tomelloso, Ciudad Real, 6 de diciembre de 1930 - Madrid, 22 de julio de 2000) fue un poeta español.
Biografía
Su padre, fotógrafo y maestro, que había sido militante socialista y presidente de la Casa del Pueblo, fue fusilado tras la guerra civil, en 1940. De formación enteramente autodidacta, durante su niñez y primera juventud se dedicó a trabajar en el campo y a la albañilería, primero como aprendiz y luego como oficial. Se trasladó a Madrid en 1956 y estuvo empleado en la Biblioteca Nacional durante 12 años. También trabajó 10 años en la Editorial Taurus. Fue redactor jefe de La Estafeta Literaria y de la revista Nueva Estafeta hasta su desaparición. En 1963, fue incluido en la antología Poesía última de Francisco Ribes, donde también aparecen poemas de Claudio Rodríguez, Ángel González, José Ángel Valente y Carlos Sahagún, autores que conforman el grupo poético madrileño que se dio a conocer en la década de 1950-1960, al que los críticos bautizaron con el nombre de generación de los 50. Entre los premios obtenidos por Cabañero se encuentran el Juventud, por su poema 'El pan', un accésit al Premio Adonais, el Premio Nacional de Literatura y el Premio de la Crítica. Pocos como Eladio Cabañero han sabido captar la árida dulzura de las tierras manchegas. Su obra canta con ternura el paisaje y las gentes de su Tomelloso natal con un emocionado lirismo, al tiempo que desarrolla otros temas constantes de su lírica como el amor, la soledad, el desvalimiento, la queja ante la injusticia.
Obras (Poesía)
- Desde el sol y la anchura, Tomelloso, Ayuntamiento, 1956.
- Una señal de amor, Madrid, Rialp, 1958. (Accésit Premio Adonais 1957)
- Recordatorio, Madrid, Taurus, 1961. (Reeditado en 1995 por Ediciones La Palma)
- Marisa Sabia y otros poemas, Madrid, Gráficas Halar, 1963. (Premio Nacional de Literatura 1963)
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- Bien sabes tú que hay alguien que se encarga
de empozar ríos y amargar los mares,
alguien que punza y mezcla en los cantares
el brillo horrible, el ¡ay! de una descarga.
Así nos van las cosas... A la larga
el amor se retira a los lugares
donde el tiempo a la nada erige altares
y la vida a la tuera más amarga.
Sólo los vencedores del olvido,
los que no besan nunca, los que callan
entre puertas del llanto y de la muerte
ellos tan sólo aguantan encendido
su corazón, mientras que a mí me estallan
las venas en relámpagos, sin verte.

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