El silencio de Mariano Rajoy durante la cumbre europea de
este fin de semana no fue una casualidad. Sus asesores más cercanos le
advirtieron de que no hablase hasta el final de las reuniones para evitar
patinazos que pudieran enfadar a los negociadores. Se trataba, en suma, de
impedir que el presidente español volviera a salir a la palestra en plan Cid
Campeador sacando pecho sobre los logros conseguidos antes de lograrlos.
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Visto bueno de Nadal
La puesta en escena de Italia, que amenazó con un bloqueo institucional sin precedentes, salvó las pretensiones de un Rajoy al que ya habían advertido antes de la reunión que no se le ocurriera volver a decir que aquí el que presiona es él. En las reuniones preparatorias, a las que había asistido el ministro de Economía, Luis de Guindos, las perspectivas no eran buenas y el plan, aprobado también por el principal asesor del presidente, el director de la Oficina Económica de Moncloa, Álvaro Nadal, consistía en no aumentar innecesariamente la tensión y, llegado el caso, intentar ganar tiempo.
Plan B
Incluso se había pensado en un Plan B por si no había acuerdo en esta cumbre y el asunto de la ayuda a la banca junto con la rebaja de la tensión a la deuda pública se dejaban para otra reunión posterior. Al Gobierno, según la estrategia diseñada por los asesores de Rajoy, podría bastarle en teoría con ganar tiempo a la espera de una solución más satisfactoria, ya que al rescate de la banca, de acuerdo con el calendario que han trazado el Ministerio de Economía y el Banco de España todavía le queda mucha letra pequeña por poner en orden.
La prima de riesgo
El problema es que la prima de riesgo no podía seguir subiendo y entonces el Gobierno estaba dispuesto a plegarse a las condiciones de Alemania en lo concerniente al rescate bancario con tal de que hubiera alguna acción inmediata que suavizara las tensiones sobre la deuda pública. Además, en ese segundo punto España contaba con la complicidad de Italia, cuya prima de riesgo sube y baja con la española. En el tema del rescate bancario, sin embargo, el Gobierno español estaba aparentemente más solo.
Silencio, por favor
Cuando en las primeras horas de reunión se acordó que los bancos puedan acudir directamente a los fondos de rescate europeos a pedir dinero sin pasar por el Estado, que esos préstamos no tengan preferencia de pago y que esos mismos fondos de rescate puedan comprar deuda pública, todo ello bajo estrictas condiciones, Mariano Rajoy fue advertido de nuevo para que no dijera nada a la salida de madrugada, que dejara hablar a los representantes oficiales (las presidencias de la Comisión y el Eurogrupo) y que, en todo caso, emplazara a una valoración posterior. Así lo hizo. Esta vez obedeció y no se saltó el guión.
La puesta en escena de Italia, que amenazó con un bloqueo institucional sin precedentes, salvó las pretensiones de un Rajoy al que ya habían advertido antes de la reunión que no se le ocurriera volver a decir que aquí el que presiona es él. En las reuniones preparatorias, a las que había asistido el ministro de Economía, Luis de Guindos, las perspectivas no eran buenas y el plan, aprobado también por el principal asesor del presidente, el director de la Oficina Económica de Moncloa, Álvaro Nadal, consistía en no aumentar innecesariamente la tensión y, llegado el caso, intentar ganar tiempo.
Plan B
Incluso se había pensado en un Plan B por si no había acuerdo en esta cumbre y el asunto de la ayuda a la banca junto con la rebaja de la tensión a la deuda pública se dejaban para otra reunión posterior. Al Gobierno, según la estrategia diseñada por los asesores de Rajoy, podría bastarle en teoría con ganar tiempo a la espera de una solución más satisfactoria, ya que al rescate de la banca, de acuerdo con el calendario que han trazado el Ministerio de Economía y el Banco de España todavía le queda mucha letra pequeña por poner en orden.
La prima de riesgo
El problema es que la prima de riesgo no podía seguir subiendo y entonces el Gobierno estaba dispuesto a plegarse a las condiciones de Alemania en lo concerniente al rescate bancario con tal de que hubiera alguna acción inmediata que suavizara las tensiones sobre la deuda pública. Además, en ese segundo punto España contaba con la complicidad de Italia, cuya prima de riesgo sube y baja con la española. En el tema del rescate bancario, sin embargo, el Gobierno español estaba aparentemente más solo.
Silencio, por favor
Cuando en las primeras horas de reunión se acordó que los bancos puedan acudir directamente a los fondos de rescate europeos a pedir dinero sin pasar por el Estado, que esos préstamos no tengan preferencia de pago y que esos mismos fondos de rescate puedan comprar deuda pública, todo ello bajo estrictas condiciones, Mariano Rajoy fue advertido de nuevo para que no dijera nada a la salida de madrugada, que dejara hablar a los representantes oficiales (las presidencias de la Comisión y el Eurogrupo) y que, en todo caso, emplazara a una valoración posterior. Así lo hizo. Esta vez obedeció y no se saltó el guión.

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